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Memorias de una chama

Memorias de una chama
MARICARMEN
Desde que viví en Venezuela siempre cuidé en vestir bien. Del sueldo que ganaba como secretaria destinaba el diez por ciento para mi ropa. Mis trajes preferidos eran los vestiditos cortos porque, vale, chico, tengo buen cuerpo y por qué no lucirlo. En el verano, acá en Perú, sacó otra vez esas prendas coquetas para refrescarme porque soy muy calurosa. Y en Lima, la temporada de sol, me pone aún más sofocada.
Mis amigas me elogian porque mi escultural anatomía no pasa desapercibida. Por eso, hace unos meses conquisté a un peruano seductor con una de esas minis chiquiticas. Oiga, el hombre cayó rendido a mis pies. Es un buen tipo, pero, como casi todos, muy celoso. Al comienzo de nuestra relación, no se oponía a mi forma de ser, ahora quiere ver qué me voy a poner antes de salir a la calle. No, señor, está equivocado. Esos eran otros tiempos. Pero la gente no cambia.
Las venezolanas somos alegres y festivas no solo a la hora de hablar, sino también en el vestir. Sin embargo, ningún caballero me va a imponer cómo debo estar. Si desconfía de una chama, está equivocado. Somos amigueras y buenas mujeres. Lo único que quiero es que me aconseje cómo hago con este novio. ¿Lo dejó o le doy un último plazo?
Memorias de una chama
MI CONSEJO
Habla bien con él porque si existe esa desconfianza no llegarán a buen puerto. Si, como dices, luces sensual, es por tu forma de ser y él no tiene por qué prohibirte nada. Estás advertida.

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